Educacominica_ción
Hablar de comunicación y de educación
como dos campos separados no
tendría sentido en el mundo
actual. (Dagron, 2007).
Una de las acepciones de comunicar es la de compartir, entonces se sobre entiende como un acto social de intercambio, de transmisión.
La revisión de los factores y elementos que se relacionan con la comunicación dependerá del punto de vista que se quiera abordar. En términos generales y conocidos se sabe que el proceso de comunicación implica diversos componentes:
El emisor o la fuente: puede ser un individuo que habla, escribe o dibuja; o una organización de comunicación, por ejemplo un periódico, un canal de televisión, una cadena radial o un estudio cinematográfico.
El contenido del lenguaje o el mensaje: es el producto del comunicador que se expresa en forma de códigos ya sea en forma escrita, verbal, gestual o con imágenes. Así el mensaje puede presentarse en impresos en papel, impulsos electromagnéticos, ondas de sonido en el aire, gestos o todo tipo de señales capaces de ser interpretadas significativamente.
El canal utilizado o el medio: es el vehículo, soporte o instrumento de la comunicación a través del cual se envía o viaja el mensaje. Hay canales que permiten dirigirse a grandes grupos: radio, televisión, prensa. Cuando el profesor y los estudiantes se comunican en forma verbal en el salón de clase, utilizan el aire como canal.
El receptor o el destino: puede ser un individuo o un grupo de personas. Así, la persona que escucha una grabación de audio, lee un libro, o ve un noticiero, constituye el destino de un mensaje. Igualmente lo son los televidentes, los cibernautas, los lectores de una revista o periódico, el público que asiste a una conferencia.
La comprensión del mensaje y los efectos, el alcance del mensaje o la retroalimentación: es el componente que busca asegurar la eficacia del proceso comunicativo de forma bidireccional, es decir verificar la forma en que el destino recibe el mensaje y su apropiación.
Siguiendo la clasificación propuesta por Daniel Prieto, hay tres tipos de comunicación, según su proceso: (Meléndez, 1984).
La comunicación interpersonal.- La que se da en una relación directa, cara a cara y generalmente se convierte en un dialogo, intercambiando papeles entre el emisor y el receptor.
La comunicación intermedia.- La que se presenta en grupos de personas que comparten algún interés en común: grupos religiosos, escolares, asociaciones, etc. Y puede transmitirse por diversos medios: escritos, hablados, televisivos, etc.
La comunicación colectiva.-Aquella que lleva mensajes a una colectividad. En esta la comunicación es unidireccional y se emplean medios de grandes alcances para su distribución.
Ahora bien cuando hablamos, realizamos tres tipos de actos: un acto locutorio (el hecho de decir cualquier cosa), un acto ilocutorio (el acto que se hace hablando: dar una orden, por ejemplo) y un acto perlocutorio (el efecto producido por las palabras). (Pourtois).
Después de varios debates e investigaciones sobre intercambios lingüísticos se llega a un acuerdo universal, el de considerar al lenguaje como instrumento de la comunicación.
Vygotsky (2001) le da tal importancia al lenguaje al considerarlo como mediador para el desarrollo de las funciones psíquicas superiores en el ser humano, por supuesto también como un ente social, razones que nos separan de los animales.
Así pues se puede decir que toda realización humana, ya sea social, afectiva o cognitiva se constituye en el centro de una red de información. Por lo tanto, todo aprendizaje será captado a través de un sistema de interacciones que lo constituye. Con esto se resalta la gran importancia de este concepto: domina el mundo que vivimos.
Entonces la comunicación es poderosa ya que tiene un impacto considerable, pero también es frágil pues está sujeta a múltiples influencias, a menudo inconscientes, que hacen que pueda romperse con facilidad y en todo momento.
En todas las culturas humanas la palabra es un mediador fundamental del proceso educativo – independientemente de la forma peculiar que adopte éste en cada sociedad -. Es más, la forma específica de cualquier proceso educativo estará ligada irremediablemente a las posibilidades de comunicación y los dispositivos disponibles para transmitir, preservar y recuperar mensajes que tenga esa sociedad. Inclusive, la propia noción de información va cambiando de sentido según las tecnologías de la palabra que caracterizan a los intercambios sociales. En la modernidad su significado se impregnó de la forma del libro y ello llevó a que fuera concebida como “algo que está allí”, como un objeto independiente que se puede acumular, comprar, vender, transferir. Hoy están surgiendo otros sentidos posibles que llevan a concebir la información en términos de procesos productivos y no de productos, de actividades y no de objetos, de interacciones y no de propiedades. Desde esta perspectiva, ni los libros tienen ni las computadoras procesan información, sino que son meros soportes que permiten a los seres humanos, u otros seres inteligentes, producirla cuando interaccionan con ellos.
La institución escolar tiene un origen, una historia, un devenir y probablemente tenga un final en un horizonte temporal no demasiado lejano, sin que por ello se abandone las imprescindibles tareas de enseñar y aprender.
El desafío educativo contemporáneo exige fundamentalmente una radical transformación en los valores privilegiados. La escuela de la modernidad se basaba en la reproducción y la disciplina. La escuela que se necesita hoy requiere poner en primer plano la capacidad de exploración, el procesamiento y la organización de la información, la posibilidad de tejer múltiples relaciones entre las diversas temáticas, la puesta en conjunto, la producción de sentido en múltiples niveles ligados entre sí y su presentación estética
La educación como proceso de comunicación (es decir, diálogo, reflexión colectiva, puesta en común, participación), es indispensable en una sociedad donde la escuela ya no es la que “forma” al individuo como se creía tradicionalmente.
Las concepciones modernas han aislado y desvalorizado a la imaginación, la han asimilado al delirio y le han otorgado un único espacio posible: el de la fantasía. De la misma manera que ataron la realidad al carro de la razón y separaron la ciencia del arte, o la técnica de la creatividad.
Con el término “imaginario” lejos de referir a una función psíquica de un sujeto cerrado en si mismo se está hablando de la actividad creativa de una persona vinculada activamente a su entorno, tanto al medio social humano como al entorno orgánico y físico-químico. La imaginación, lejos de ser una actividad puramente subjetiva, es concebida como la instancia personal de una interacción social dentro de la cual y a partir de la cual encuentra los nutrientes necesarios para producir sentido y hacer sentir sus efectos.
En la contemporaneidad estas dicotomías han estallado, vivimos en un mundo de “realidades virtuales” en el que se hace imperioso concebir nuevos paisajes cognitivos que permitan tejer vínculos entre áreas de la experiencia que estaban escindidas y minusvaloradas en las perspectivas clásicas y hacer lugar a la emergencia de nuevas posibilidades completamente inéditas.
En el marco de la escuela tienen que darse condiciones sociales y éticas que favorezcan el aprendizaje como una actividad creativa, con la conciencia clara de que el aprendizaje es un proceso de toda la vida. Para ello, tiene que existir confianza y voluntad de aprender no solamente en los educandos, sino también en los educadores.
Al transformarse los procesos y los valores desde una concepción basada en la adquisición de información a otra centrada en la producción se genera una tensión insostenible entre los viejos modos vinculares de las prácticas educativas y las nuevas exigencias: el maestro no es ni lejanamente el poseedor de un saber definitivo y completo, su rol no puede concebirse más como el del encargado de brindar la información sino que debe ayudar a organizar y criticarla, en muchos casos con menos conocimientos de la tecnología que sus propios alumnos.
De esta, manera el educador ya no es sólo el que educa, sino aquel que, en tanto educa, es educado a través de la interacción con el educando, quien, al ser educado, también educa. Así, ambos se transforman en sujetos del proceso en que crecen juntos y en el cual los argumentos de la autoridad ya no rigen.
En sus reflexiones sobre el aprendizaje como clave de la educomunicación, Daniel Prieto Castillo apunta lo siguiente:
“Es muy difícil aprender de alguien con quien poco me comunico, mal me comunico o no me comunico”;
“Es muy difícil aprender de alguien con quien no comparto tiempos, porque ni él ni yo los tenemos”;
“Es muy difícil aprender de alguien en quien no creo”;
“Es muy difícil enseñar, promover y acompañar el aprendizaje de las jóvenes y los jóvenes estudiantes si ha sido minada mi voluntad de aprender.” (Najmanovich, s.f).
Finalmente, existen muchas revistas, impresas y electrónicas, foros, congresos, programas, portales, donde se debate sobre el tema de la comunicación y la educación, posturas diversas, algunas convergentes y otras completamente divergentes. Sin duda alguna estas discusiones continuarán de manera paralela durante la existencia del ser humano, adecuándose a los nuevos medios de comunicación y a los nuevos paradigmas. En los tiempos acelerados en que vivimos el futuro se hace cada vez más presente aún antes que nos demos cuenta para todos aquellos que consideran que la clave del nuevo milenio está en construir un mundo de sentido en el cual valga la pena vivir y en el que se pueda convivir en la diferencia, hay que esforzarse en profundizar la exploración y dilucidar la problemática educativa, para conectarse con las múltiples oportunidades y desafíos contemporáneos a la vez que se van tejiendo respuestas provisorias pero fértiles y productivas en el camino a un sistema educativo que acepte la diversidad de puntos de vista, que de lugar a la diferencia de estilos y aproximaciones, que al mismo tiempo permita tomar contacto con el acervo cultural, desarrollar las potencialidades y crear espacios de convivencia y dialogo ricos y fecundos.
Bibliografía.
Alva, Manuel. (2005). Importancia de la Comunicación en la Educación. Recuperado de http://manuelalvaolivos.obolog.com/importancia-comunicacion-educacion-60698
Dagron, A. G.(2007). Comunicación y Educación. Una deuda recíproca. Recuperado de http://www.escritoresyperiodistas.com/NUMERO31/alfonso.htm
Meléndez, A. (1984). La educación y la comunicación en México. Revista Perfiles Educativos, No. 5, pp 43-56.
Najmanovich, D. (s.f). Arte-Tecnología. Recuperado de http://www.denisenajmanovich.com.ar/htmls/0303_textos.php
Najmanovich, D. (s.f). Desamurallar la Educación: Hacia nuevos paisajes educativos. Recuperado de http://www.denisenajmanovich.com.ar/htmls/0303_textos.php
Pourtois, J. P. (2006). La Educación Postmoderna. España. Popular-
Vygotsky, L. S. (2001). Pensamiento y lenguaje. México. Quinto Sol.